Francisco Dieste y Buil

Obra Tratado Económico, dividido en tres discursos, Francisco Dieste y Buil
Tratado Económico, dividido en tres discursos, Francisco Dieste y Buil

Nacido en Abiego en 1740 - Lanaja, H.,1800, fue diputado y apoderado General de la Mesta de Ganaderos del Reino de Aragón, adquirió y desarrolló grandes conocimientos en ciencias aplicadas a la agricultura y ganadería.

 

Fue escribano de cámara de la Real Audiencia de Zaragoza. Con el apoyo de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, a la cual pertenecía desde 1777, estableció en 1780 una escuela de hilar al torno en la villa de Lanaja, a semejanza de la que ya funcionaba en Zaragoza .

 

En 1781 publicó, Francisco Dieste y Buil, su obra muy

interesante Tratado Económico, reeditado en 1803 y 1930, que representa uno de los estudios económicos,


más completos realizados por los aragoneses de la Ilustración, y la mejor mono grafía desde el punto de vista exclusivamente ganadero; en él aportó datos muy útiles para el conocimiento de la fauna aragonesa.

 

Lo dedicó a la Económica, a la que elogia sus premios remunerativos, escuelas patrióticas, máquinas ingeniosas, ejemplares instructivos..., industria de las artes, tráfico del comercio, justificando su trabajo por «el pernicioso comercio pasivo en el precioso abasto de huevos, por cuyo medio nos sacan los extranjeros considerables sumas de dinero» y el deseo de «mejor calidad, abundancia y puntualidad del surtimiento». Pero también busca en los mismos años en que Malthus se asusta por su crecimiento «aumentar la población, desterrando la ociosidad y multiplicando familias... mediante la granjería», que sueña con un Aragón de dos millones de habitantes (apenas alcanza entonces los 600.000).

 

En cuanto a los animales domésticos, a los que se dedica como por deporte en los ratos ociosos, le choca la gran importancia de la ganadería, dispendiosa, y no de la avicultura, cuyos productos son escasos y muy convenientes, que no produce sobresaltos ni zozobras, explotable en cualquier aldea, pero a la que apenas se dedican algunas mujeres.

Un negocio aprovechado por los franceses, dice, que venden en la ciudad de Zaragoza por valor de quince mil duros productos de escasa calidad traídos de Holanda, Inglaterra e Irlanda.

 

Trata luego de la crianza de primales hasta convertirse en carneros, y de la lucha contra las fieras dañinas y aves de rapiña. Un texto muy curioso, poco conocido y menos desde los manuales de la economía, que lo asimilan a las propuestas de los arbitristas del XVII y que ofrece mucha información sobre la vida rural aragonesa de su época.

Casi medio siglo más tarde, en 1844, el veterinario Nicolás Casas ampliaría esta obra con su Tratado de la cría de aves de corral, basado en más rigurosos planteamientos zootécnicos.

 

En colaboración con Felipe Escanero logró una autorización del rey para roturar 1.200 cahíces de tierra con el fin de plantar viñas en el término de Lanaja.

 

Realizó importantes ensayos agronómicos, utilizando un modelo de noria de su invención para dar riego suficiente y convertir el secano en huerta, tanto porque no se contenta con recoger las enseñanzas de sus antepasados como por añadir muchas observaciones de su propia experiencia.

 

 Obra; Tratado Económico, dividido en tres discursos. 

 

 

I : Crianza de gallinas y considerables utilidades que producen a su dueño.

 

II : Compra de primales para venderlos al año siguiente por carneros.

 

III : Modo de procurar la extinción de fieras perjudiciales al ganado y aves domésticas, y que las de rapiña lo sean menos.

 

Enlace a la edición digital izada de la, Biblioteca digital Hispánica

Enlace.


Crianza de gallinas y considerables utilidades que producen a su dueño, 

está dividido en cinco apartados a su vez

* página pdf, y la del libro

CAPÍTULO  I º DEL NÚMERO DE GALLINAS Y GALLOS,  y de los corrales que se consideran convenientes para este adelantamiento, con arreglo a determinado proyecto.
CAPÍTULO I º

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  I º 

 

DEL NÚMERO DE GALLINAS Y GALLOS,

y de los corrales que se consideran convenientes para este adelantamiento, con arreglo a determinado proyecto.

* Página 33 - 1

 

CAPÍTULO IIº DEL MODO DE GOBERNAR LAS GALLINAS en el estado de sanas.
CAPÍTULO II º

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  I I º 

 

MODO DE GOBERNAR LAS GALLINAS

en el estado de sanas.

* Página 67 - 29

 

CAPÍTULO IIIº DEL MODO DE GOBERNAR LAS GALLINAS en el estado de enfermas y sus remedios.
CAPÍTULO III º

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  I I I º 

 

MODO DE GOBERNAR LAS GALLINAS

en el estado de enfermas y sus remedios.

* Página 145 - 107

 

CAPÍTULO  I V º    SOBRE EL MODO DE ENGORDAR LAS AVES:  conservar los huevos, virtudes de unos y otras, varios aprovechamientos.
CAPÍTULO IV º

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  I V º 

 

SOBRE EL MODO DE ENGORDAR LAS AVES:

conservar los huevos, virtudes de unos y otras, varios aprovechamientos.

* Página 166 - 128

 

CAPÍTULO   V º   DEL GASTO QUE OCASIONAN  las gallinas, y su provecho líquido.
CAPÍTULO V º

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO   V º 

 

DEL GASTO QUE OCASIONARAN

las gallinas, y su provecho liquido.

* Página 183 - 145

 

Portada libro, La Crianza de gallinas en 1803, Francisco Dieste y Buil.
Portada Crianza de gallinas en 1803

 

Es muy interesante lo que nos cuenta ya en aquellos tiempos.

 

Aunque se tiene esto como descubrimiento norteamericano, debido al avicultor Waldorf, que fue el primero en adoptar este régimen, hace ya por lo menos 240 años que se seguía en Europa y especialmente en España, pues así lo dice un librito reimpreso en Madrid en el año de 1803, de 100 páginas, escrito por don Francisco Dieste y Buil, que dedica cuatro páginas a explicar cómo las aldeanas de Castilla, lograban cosechar huevos en invierno, mediante el suministro de una ración suplementaria de grano a sus gallinas en las largas noches otoñales e invernales.

 

Para ello, entraban a medianoche en el gallinero provistas de una luz, obligando así a las gallinas a que interrumpieran su sueño y a que comieran, si bien a los pocos días, en cuanto entraban con luz, ya por sí solas bajaban de sus aseladeros presurosamente y comían.

 

Hoy en día esto es cosa corriente entre los avicultores que sólo se dedican a la producción de huevos de consumo, con la ventaja de que la luz de que se dispone es mucho más intensa que la de los viejos candiles que tenían que utilizar las aldeanas, de aquellos tiempos.

 

Ahora bien: se da como explicación por cierto muy natural, la de que, siendo cortos los días y largas las noches en otoño y en invierno, las gallinas pasan demasiadas horas sin comer y, por lo tanto, necesitando mayor cantidad de materias nutritivas para reponer sus desgastes orgánicos, no les queda sobrante suficiente para ser transformado en huevos.

Esa es la explicación que hasta ahora se ha venido dando y la que daba ya Dieste y Buil en su librito ochocentista.

 

 

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