Enfermedades Bacterianas:

Enteritis necrótica causada por Clostridium perfringens

Clostridium perfringens. Enteritis necrótica:

Enfermedad aviar, también conocida como enteritis catarral maligna. Esta patología se manifiesta de manera repentina, presentando aves muertas y evidenciándose la aparición de excreciones líquidas de olor desagradable. Se trata de una afección aguda que ocasiona una devastadora destrucción en la mucosa intestinal.

El agente etiológico responsable de esta enfermedad es el Clostridium perfringens, una bacteria en forma de bastón que tiene la capacidad de formar esporas. Las aves que sufren un fuerte impacto por esta condición suelen mostrarse muy decaídas, dejando de alimentarse y de hidratarse, y presentando un semblante marcadamente somnoliento.

En algunas ocasiones, pueden exhibir parálisis flácida y palidez intensa en la cresta y en las barbillas.

En los pollitos se han observado signos de parálisis e incluso movimientos de temblor, que podrían confundir el diagnóstico.

Las formas subagudas se caracterizan por un incremento en la sed y la presencia de una cloaca húmeda.

Etiología:

La enteritis necrótica ha sido vinculada con los tipos A y C del Clostridium perfringens. Esta enfermedad es más común en ejemplares que habitan en instalaciones donde se utilizan camas de paja.

Es probable que la enterotoxemia solo se presente en el contexto de una alteración significativa de la microflora bacteriana intestinal.

Dichas alteraciones pueden ser ocasionadas por cambios en el contenido intestinal provocados por variaciones en la calidad o en la cantidad del alimento consumido, una disminución en la motilidad intestinal, daños en la mucosa intestinal causados por microorganismos patógenos (como la enteritis hemorrágica en pavos, salmonelas o larvas de ascáridos) o por toxinas.

Estos cambios pueden facilitar la colonización por clostridios y la consiguiente producción inmediata de toxinas. La enteritis necrótica ha sido reproducida en condiciones experimentales mediante la administración directa en el duodeno de un elevado número de células de clostridios y toxina preformada.

Lesiones y diagnóstico:

Las aves infectadas muestran síntomas de depresión y pueden sufrir de diarrea. La aparición de los síntomas clínicos es rápida y la muerte puede ocurrir en cuestión de horas.

La región del pecho presenta una apariencia deshidratada y oscura, mientras que el hígado generalmente se halla inflamado y congestionado.

El intestino delgado adopta una forma globosa y es quebradizo, conteniendo un líquido de color pardo y de olor fuerte.

La mucosa intestinal está cubierta por una capa diftérica de color pardo.

La enfermedad puede persistir en la población afectada entre 5 y 10 días, con tasas de mortalidad que varían del 2 al 50 por ciento.

La identificación de un alto número de bacilos cortos, gruesos y grampositivos observables en un frotis teñido, elaborado a partir de raspados de la mucosa, facilita el establecimiento de un diagnóstico preliminar.

Las observaciones histológicas incluyen necrosis por coagulación en un tercio o en la mitad del grosor de la mucosa, acompañada de aglomerados de bacilos cortos y gruesos en los restos fibronecróticos. Es posible aislar el Clostridium perfringens del contenido intestinal a través de cultivos o técnicas anaerobias.

Las lesiones causadas por Eimeria brunetti pueden asemejarse a las observadas en la enteritis necrótica; sin embargo, la coccidiosis no complicada raramente presenta una naturaleza tan aguda o severa.
La enteritis ulcerativa puede presentarse clínicamente de manera similar a la enteritis necrótica. No obstante, las lesiones intestinales suelen ser localizadas, afectando principalmente al íleon, ciego y recto, y a menudo se observan lesiones necróticas en el hígado.

Tratamiento y control:

Para minimizar el riesgo de enteritis necrótica, es crucial implementar un control sanitario riguroso y realizar esfuerzos orientados a prevenir la coccidiosis, la salmonelosis y otras infecciones intestinales.

Es fundamental evitar modificaciones abruptas en la alimentación y supervisar tanto los alimentos como el agua en busca de contaminantes que puedan afectar la motilidad intestinal o perjudicar la mucosa.

El disalicilato de metileno de bacitracina resulta efectivo en la prevención y tratamiento de la enteritis necrótica.

Las dosis preventivas recomendadas son de 50 g por tonelada (55 ppm) en los alimentos, mientras que las dosis terapéuticas oscilan entre 100 y 200 g por tonelada (110 a 220 ppm).

Se ha demostrado que la penicilina, la eritromicina y las tetraciclinas son también eficaces, administrándose a una concentración de 20 ppm en los alimentos.

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