Santos Arán San Agustín fue uno de los principales divulgadores de la avicultura y la zootecnia española del siglo XX. Sus publicaciones sobre explotación económica de las aves, alimentación, razas y producción de huevos contribuyeron decisivamente a la modernización de la avicultura en España.
Santos Arán San Agustín fue un gran promotor de la zootecnia en España durante la primera mitad del siglo XX. Una de las características más notables de Santos Arán San Agustín, este destacado veterinario de Huesca, fue su dedicación a la divulgación del conocimiento, continuando el legado de los tratados avícolas de Nicolás Casas Mendoza. Esto lo logró a través de una gran cantidad de publicaciones, donde abordó todos los tipos de animales domésticos y de corral, consolidando su obra más reconocida en la “Biblioteca Pecuaria”.
A inicios del siglo actual, varios países comenzaron a restringir la importación de productos ganaderos españoles debido a la falta de adecuadas garantías sanitarias. Se popularizó entonces la célebre afirmación de que “en el mundo civilizado, solamente España y Turquía carecen de una Ley de Epizootias”, una crítica que, en su esencia, reflejaba el resurgimiento de la profesión veterinaria.
En efecto, la Asociación General de Ganaderos, sucesora del antiguo “Honrado Concejo de la Mesta”, convocó a García Izcara como asesor, figura indiscutible en la profesión durante ese período. Este personaje logró transmitir a los líderes del sector ganadero la urgente necesidad de obtener de las Cortes.
Una Ley de Epizootias y la creación de un Cuerpo de Inspectores de Higiene Pecuaria y Sanidad Veterinaria, que es como se conoció. Después de numerosas y difíciles luchas, especialmente por parte de los médicos que aún carecían de una Ley de Sanidad, se estableció, mediante un Real Decreto del 25 de octubre de 1907.
Y gracias al apoyo del entonces Ministro de Fomento, González Besada, la figura del Director General de Agricultura, Ganadería y Montes, Vizconde de Eza, junto al Presidente y al Secretario de la Asociación General de Ganaderos, Duque de Bailén y Marqués de la Frontera.
El mencionado Cuerpo convocó las primeras oposiciones para su ingreso a través de un Real Decreto del 7 de mayo de 1908, con las pruebas llevándose a cabo en el otoño de 1909. En mayo del año siguiente, los admitidos recibieron su nombramiento y el destino como inspectores.
Fue una oposición muy competitiva y concurrida, resultando en una promoción verdaderamente excepcional y entusiasta de inspectores veterinarios, quienes serían conocidos como los célebres “Pecuarios”, tanto por la sociedad como por las autoridades, sugiriendo que, desde el comienzo, su labor fue posiblemente más orientada a la zootecnia que a la salud.
Esta promoción dio origen al actual Cuerpo Nacional Veterinario, comenzando con sesenta y cuatro inspectores que, en función de la calidad de los destinos asignados, clasificaron las capitales en tres categorías.
Siguiendo esta acertada estrategia, Gordón Ordás, primer lugar de la promoción, fue convocado a la Inspección de la capital del Reino, Madrid; Rof Codina a La Coruña; Santos Arán a Sevilla; Cayetano López a Barcelona; Coderque a Zaragoza; Orensanz a Valencia; Sanz Egaña a Málaga y Montserrat a Cádiz.
Se ha reconocido la labor desempeñada por estos individuos en sus respectivos lugares de trabajo. Es hora de señalar que, en términos generales, los miembros de esta excepcional promoción de veterinarios realizaron una labor admirable y ejemplar.
Han cultivado nuevas vías para la veterinaria, promoviendo con fervor su disciplina mediante la comunicación escrita y verbal en sus áreas. Han recorrido el campo, alcanzaron significativamente posiciones académicas y, más notablemente, ejecutaron un trabajo que merece ser recordado en el ámbito profesional, uniendo a los veterinarios.
Los inspectores veterinarios municipales ya no se sentían desprotegidos: su función en la salud animal había adquirido una relevancia considerable. Sin embargo, lo más interesante fue la unanimidad y el esfuerzo colectivo en investigar la ganadería en cada región de las provincias, así como sus razas o variedades, métodos de alimentación, estaciones de sementales y los métodos de cría y recría, junto con sus producciones, estadísticas, mercados y precios.
La ciencia zootécnica fue introducida en el entorno agropecuario español por los miembros del Cuerpo Nacional, quienes, en la mayoría de los casos, lograron transmitir su optimismo y su confianza profesional a los inspectores municipales, trabajando en conjunto en una actividad económica que, sin duda, fue más significativa que la sanitaria.
La Asociación General de Ganaderos no abandonó al Cuerpo tras su creación; al contrario, todos contaron con el respaldo necesario a través de sus organizaciones provinciales, estableciendo un contacto fructífero con los ganaderos y generando una creciente confianza con ellos. Se llegó al momento de organizar competiciones regionales, provinciales y locales de ganado, en las que los Servicios de Higiene Pecuaria desempeñaron un papel destacado, así como en los certámenes a nivel nacional y en todos los esfuerzos por mejorar la ganadería nacional.
El trabajo realizado por Santos Arán en Sevilla fue, sin lugar a dudas, excepcional. Introdujo una nueva perspectiva en el campo de la veterinaria, publicó numerosos artículos en revistas académicas y periódicos, y comenzó su destacada labor en la educación agraria mediante la difusión de obras que culminarían en su reconocida “Biblioteca pecuaria”. El 13 de junio de 1912, Santos Arán fue distinguido con el título de académico de la Real Academia de Medicina de Sevilla.
Años más tarde, fue asignado a Madrid, en la Inspección General de Sanidad Pecuaria, donde colaboró junto a don Dalmacio García Izcara, su amigo y mentor, a quien apoyó en sus últimos años en su rol como Inspector General de Sanidad Pecuaria y Asesor Veterinario de la Real Asociación General de Ganaderos de España, posiciones que posteriormente heredaría tras el fallecimiento de García Izcara en 1927.
Ocupó la posición de Inspector General Jefe del Cuerpo de Higiene y Sanidad Pecuarias durante cuatro años, ya que el 3 de junio de 1931 fue promovido a Jefe Provisional de la Sección de Contrastación; a partir del 6 de enero de 1932, asumió la dirección de la Estación Pecuaria Central, y el 23 de julio de 1935 fue nombrado Subdirector General de Ganadería. Sin embargo, fue relevado de ambos puestos el 31 de octubre de 1935, al asumir la Jefatura de la Sección 9.ª de la Dirección General de Agricultura, Montes y Ganadería.
No mencionaremos las penurias y la detención sufrida en la checa de Fomento, de la cual fue rescatado en dos ocasiones por una mano amiga del temido “paseo” durante los difíciles años de la Guerra Civil. Finalmente, el 4 de mayo de 1943, se produjo su cese como Jefe de Administración al asumir la Presidencia del Consejo Superior Veterinario, que representó su última función oficial, en la que se mantuvo hasta su jubilación.
Participó de manera destacada en todas las iniciativas derivadas de la Inspección de Sanidad Pecuaria durante sus dos primeros decenios, incluyendo la esperada y compleja Ley de Epizootias de 1914 y su respectivo Reglamento del año siguiente, el Reglamento de Zoonosis de 1917 y el nuevo Reglamento de Epizootias del mismo año; así como en la fundación, en 1927, de la Junta Central de Fomento Pecuario.
Hasta su jubilación, que tuvo lugar el 2 de noviembre de 1950, continuó cumpliendo con su deber en diversos roles dentro de la Inspección de Sanidad Pecuaria y la subsiguiente Dirección General de Ganadería. Desarrolló su labor tanto como jefe de sección como en funciones interinas de dicha dirección general. Actuó como Inspector General del Cuerpo y lideró el Registro Lanero, además de participar en diferentes misiones en el extranjero, ya sea para la adquisición de ganado de calidad o con el propósito de investigar enfermedades animales exóticas, así como para representar a España en la Oficina Internacional de Epizootias.
Todas estas contribuciones le valieron la distinción de la Encomienda de número de la Orden de Isabel la Católica, la Gran Cruz del Mérito Agrícola y la del Mérito Civil, además de recibir otras condecoraciones de carácter internacional. Fue reconocido como socio de honor (y con medalla de oro) por la Sociedad Veterinaria de Zootecnia de España y el Cuerpo Nacional Veterinario, cuya Asociación le reconoció con una medalla de oro a su vez. Asimismo, en 1966, el Pleno del Consejo de Colegios Veterinarios de España lo nombró por unanimidad miembro de honor.
A lo largo de su vida, dedicó sus esfuerzos a la zootecnia de manera significativa. Durante un periodo en que las figuras más destacadas de la veterinaria se distinguieron por su dedicación, él se comprometió a promover la ganadería española con generoso empeño.
Reservamos para el final la labor fundamental del maestro Santos Arán, la cual le otorgó el reconocimiento merecido en todo nuestro país, así como en numerosos pueblos hispanohablantes, acercándose a todos los ganaderos innovadores que lo consideraban como un consejero efectivo, un colaborador fiel y un zootecnista práctico y accesible. Tanto sus sugerencias como sus publicaciones estaban impregnadas de sentido común, evitando siempre el uso de terminología complicada que pudiera ser confusa para los ganaderos o un exceso de tecnicismos.
Su discurso y sus escritos estuvieron constantemente al servicio del ganadero, incluso aquellos de menor experiencia y conocimientos, logrando de este modo una labor tan eficiente que, durante muchos años, sus obras han sido vistas como una especie de Biblia para muchos en el ámbito de la ganadería.
Esta extensa labor de divulgación quedó registrada en las numerosas obras de su popular Biblioteca Pecuaria, que obtuvo el Gran Premio en un concurso nacional. Los libros de esta colección han sido verdaderamente abundantes, al igual que las múltiples ediciones de muchos de ellos (algunos alcanzaron hasta seis ediciones), de tal manera que, en su totalidad, han superado los cientos de miles de volúmenes que han facilitado la difusión del conocimiento ganadero en diversas ciudades y pueblos tanto de España como de Iberoamérica.
Las obras que publicó, algunas en colaboración y la mayoría en nombre propio, han sido, como ya hemos mencionado, muy extensas. Entre las colaboraciones iniciales, se encuentran:
—El comprador de animales. Reconocimientos de sanidad y prácticas legales y comerciales, en colaboración con Martínez Baselga y López Flores.
Guía del opositor al Cuerpo de Investigadores de Higiene Pecuaria, en coautoría con Baselga y Berbiela.
—Zootecnia. Explotación económica de los animales, en colaboración con Berbiela (Sevilla, 1914), que recibió la declaración de utilidad pública por parte del Ministerio de Fomento y fue galardonada con una medalla de oro en la Exposición Hispano Francesa, así como un premio de primera clase por el Patronato Villahermosa-Guaqui.
La peste bovina en Bélgica, en colaboración con García Izcara.
Entre las segundas, hay una cantidad mucho mayor de 27 obras, firmadas únicamente por él y casi todas incluidas en la “Biblioteca Pecuaria”. A continuación, presento fotografías de casi todos los títulos para facilitar su identificación y, en caso de que estén interesados, poder adquirirlos y enriquecer su biblioteca, que sin duda lo merece. Estos son algunos de los títulos:
Además, realizó traducciones y redactó numerosos artículos en periódicos y revistas. Su primera publicación, en la que comenzó a colaborar en 1905, fue “La Industria Pecuaria”, donde escribió ininterrumpidamente tres artículos mensuales hasta 1936, año en que cesó su publicación (la revista se editaba de forma decenal). También fueron especialmente abundantes los artículos que aparecieron bajo su firma en la revista “Ganadería”, que fue la última publicación con la que colaboró.
Avicultura práctica: Explotación económica de gallinas, patos, ocas, pavos y avestruces (1915).
Las aves y sus productos: explotación económica de gallinas, patos, ocas, pavos, palomas y faisanes: un libro completamente nuevo dedicado al ámbito avícola: los métodos más avanzados y eficaces para la producción, crianza, alimentación y conservación de las aves (4 ediciones).
Esta obra, notable y exhaustiva, fue bien recibida tanto por los ganaderos como por el público general de la época, abarcando 6 hojas más, 366 páginas y 10 láminas, en un volumen de 8.ª que mide 22 cm. Debido a su éxito, seis años más tarde, en 1921, se lanzó en Madrid una segunda edición, revisada y ampliada, que contaba con 400 páginas, 103 grabados y 16 láminas a color. Posteriormente, se publicaron otras tres ediciones adicionales, siendo la última de 592 páginas y 18 láminas a color.
El libro representaba un auténtico tratado integral de avicultura, que incluía, entre otras secciones, explicaciones sobre anatomía, genética, herencia, selección y cruzamientos, características externas de las gallinas, elementos fundamentales en avicultura, razas, reproducción, alimentación, puesta de huevos, puesta en invierno, incubación natural, uso de incubadoras e incubación artificial, así como higiene y sanidad, gallineros y cercas. También abarcaba contabilidad y prácticas comerciales relacionadas con el sistema de explotación.
Ramón J. Crespo, director de la revista España Avícola y destacado exalumno del profesor Salvador Castelló, ofreció una crítica muy positiva a la segunda edición, señalando que esta obra era esencial para aquellos que querían aprender sobre avicultura; también era útil para quienes ya estaban familiarizados con la industria, ya que les ayudaba a enriquecer sus conocimientos. Además, era valiosa para los profesionales que necesitaban una guía para consulta.
El autor, Santos Arán, logró popularizar con éxito los fundamentos enseñados por la zootecnia, al tiempo que hizo los conceptos de ración, ración nutritiva, clasificación de principios alimenticios y criterios necesarios para la formulación de la ración, según la edad y el objetivo —ya sea la producción de huevos o carne— fácilmente comprensibles.
En resumen, a través de esta obra y la pluma de Santos Arán, un destacado zootecnista, se llevó a cabo una brillante labor de divulgación de la avicultura, que había comenzado años atrás en nuestro país gracias a Salvador Castelló.
Las publicaciones de Santos Arán San Agustín contribuyeron a la modernización de la avicultura española durante el siglo XX. Sus obras sobre alimentación, manejo y explotación económica de las gallinas sirvieron como referencia para criadores y técnicos durante varias décadas.
Bibliografía:
UAB Universidad autónoma de Barcelona.
Semblanzas Veterinarias, vol. I, León, 1973, págs. 257- 264
Arte avícola, libros de ayer. Joxean Mendizabal. Universidad pública de Navarra.
BNE. Biblioteca Nacional de España. Datos bibliograficos BNE.ES
Arán San Agustín, Santos. Real Academia de la historia. Diccionario Biográfico electrónico.
III Asamblea Nacional de Avicultores Cunicultores y Apicultores. Noviembre – diciembre 1947, Valencia.
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