De todas las aves, las domésticas son las más fáciles de alimentar. A estas queridas amigas les gusta cualquier producto alimenticio, es decir, que no tienen escrúpulo a la hora de ingerir, aunque esté enterrado en el estiércol.
En la alimentación de las gallinas podemos utilizar gran número de productos alimenticios procedentes, unos, en su mayoría, del reino vegetal (granos de cereales, salvados, harinas, forrajes, subproductos de la industria molinera, arrocera, cervecera, etc.) y otros del reino animal, muy valiosos en la alimentación de la gallina por su riqueza en proteínas y sales minerales (leche y subproductos, harinas de carne y pescado, etc.). No dejan escapar nada; se les ve durante todo el día escarbar y picotear por cualquier parte para buscarse la vida.
La semilla más pequeña no escapa a su mirada penetrante, la mosca de más rápido vuelo no puede eludir la prontitud con que la atrapa su pico, el gusano que sale a respirar no tiene tiempo para inhibirse a su mirada e inmediatamente es capturado y engullido.
Normalmente, se suele arrojar a las aves una o dos veces al día, en el corral o en el patio, cierta cantidad de grano, bien sea maíz, trigo, avena, un poco menos de la que consumirían si dispusiesen de él en abundancia. No hay insecto que nuestras gallinas no devoren; les gustan extraordinariamente las moscas, escarabajos, saltamontes, grillos y, por supuesto, todo género de larvas.
Lo bueno, si se puede en el verano, es conveniente abrir por la tarde la puerta del gallinero y dejar sueltas a las gallinas en el huerto o campo cercano durante una hora, pues al atardecer abundan los insectos. No existe clase alguna de alimento, animal o vegetal, que no sea aceptado por la gallina.
La gallina picotea las partículas más duras, se apodera de toda clase de insectos y se alegra de todo tipo de semillas. También aprovecha las hojas de todas las gramíneas y malas hierbas y todo género de desperdicios caseros o como del ganado vacuno en general.
Pero primero tenemos que observar para saber la conducta de nuestras gallinas en el hábito de su alimentación; en el siguiente apartado, algunas nociones muy interesantes nos ayudarán.
Es realmente simple en la gallina doméstica moderna; para ahorrar trabajo, se le administra una mezcla de alimentación única que contiene todo lo necesario, ya que no tiene acceso a otras fuentes de alimentos. Esto pasa en los gallineros o galpones que no tienen acceso al exterior, como huertas, praderas, patios, etc.
La gallina tiene una vista muy aguda, pero está enfocada en las proximidades. Ella no repara ya en los fenómenos que tienen lugar a cierta distancia, unos 50 metros. Ve un grano de maíz aislado a 5 metros como máximo, para lo cual es importante el contraste entre objeto y base de sustentación; en comparación con el ganso, la gallina ve mejor en la cercanía. Según Enjalman (1964), proporciona datos sobre la agudeza visual en la tabla siguiente en metros.
Agudeza visual de distintas aves en metros, según Enjalman (1964)
La gallina tiene en cuenta la magnitud del bocado al elegir los alimentos; por la vista aprecia el tamaño de los que puede ingerir, variando este con el desarrollo de la cavidad bucal y faríngea; es una cualidad innata en ellas. La gallina adquiere un juicio para las formas en el curso de su vida.
Prefiere lo ovalado a lo esférico; para tener una visión perfecta sobre un grano, necesita retirar su cabeza unos 4 cm; hasta entonces no puede picar con seguridad. Los distintos grados de claridad tienen para ella más importancia que los colores y percibe estos de forma diferente a los del hombre. El que le resulta más claro es el anaranjado (3 o 4 veces más claro que para nosotros) y le sigue el amarillo. Por lo tanto, el trigo amarillo rojizo es para ella más claro que la avena o la cebada amarilla.
El sentido del gusto es claramente de segundo rango para la gallina, mientras que el tacto y la vista gozan de primacía. La sensación principal para la gallina al tomar alimentos no puede ser de orden gustativo, sino más bien una satisfacción de tipo táctil. En esta especie no existen buenos catadores, sino buenos perceptores y prensores táctiles.
El sentido del olfato reviste una importancia mínima relativa con la ingestión de alimentos y, en general, para la vida de la gallina. Le falta el sentido para percibir los aromas, a los cuales no presta la menor atención. Lo hemos comprobado nosotros mismos: cuando la gallina bebe a menudo agua de estiércol, charcos sucios, no le ahuyenta el olor de huevos podridos y ya se sabe lo a gusto que escarba y picotea en los excrementos.
El sistema de alimentación actual no brinda apenas ocasión a la gallina para poner en práctica su sentido del tacto. Todo lo que más puede hacer es cuando se le suministra por separado la harina y el grano; a este respecto se sabe de siempre que prefieren el último. Por eso esa técnica de alimentación combinada se utiliza de modo que los granos no se administran ad libitum (a placer, o voluntad), pues las aves tomarían en exceso, en perjuicio de la ingesta de harinas ricas en materias proteínicas, y en su caso se reduciría el rendimiento de puesta.
También se sabe que las gallinas no toman con agrado los piensos finamente molidos, ocasionando una disminución del consumo. Es evidente que semejante desmenuzamiento impide a la gallina la posibilidad de obtener una impresión táctil. El pienso muy molido permanece adherido frecuentemente en la cavidad bucal en los pollos; los animales no desean esto y responden disminuyendo el consumo.
El espacio disponible de los comederos y la posición social de cada ave es llevado a rajatabla. Una gallina de rango superior, por ejemplo, puede empezar a comer de nuevo, aun estando ya satisfecha, cuando se da cuenta de que otra de rango inferior se dirige al comedero. De este modo aumenta su consumo y reduce el de la suplantada; anda que no son listas las amigas.
Como hemos comentado anteriormente, el tacto es, junto a la vista, el sentido más importante para la elección de los alimentos. Numerosos corpúsculos táctiles situados en la cavidad bucal (ver apartado Sistema digestivo gallina), en la lengua, su borde e incluso en la faringe, facilitan la percepción del tamaño y la forma de los alimentos, así como las propiedades de su superficie: aspereza, lisura o viscosidad, presencia de aristas, durezas y rugosidades, etc.
El tamaño óptimo depende de la capacidad bucofaríngea; en la gallina corresponde al del grano de trigo. Para ingerir granos mayores, tiene que habituarse antes; en tal caso, toma primero los de mayor tamaño y luego, al aumentar su saciedad, los más pequeños. El orden de preferencia decreciente para la gallina es el siguiente:
Trigo > maíz > cebada > centeno > avena.
La selección de los alimentos por el tacto es particularmente ostensible cuando se trata de plantas verdes; son más apreciadas las tiernas de hojas gruesas y menos las recias, duras, resistentes y vellosas. Para la gallina no es primordial relacionar el sentido del gusto con la ingestión de alimentos, todas las especies de aves deberían distinguir los sabores más importantes (salado, ácido, amargo y dulce). Las granívoras son singularmente insensibles al sabor amargo, la gallina beben soluciones de quinina o de cloruro magnésico, para nosotros muy amargas, como si fueran algo agradable al paladar.
Las granívoras prefieren las soluciones débil o moderadamente amargas a todas las ácidas y saladas; por tanto, no pueden determinar bien el sabor amargo del dulce, por lo que se deduce que la sensibilidad para los azúcares poco dulces, como la maltosa o la lactosa, no tiene sabor en absoluto para ellas.
Las plantas como el trébol o los dientes de león, amargas para nosotros, son apreciadas por las gallinas. La asociación de amargo y lo ácido es desagradable para todas las aves, por eso rehúsan las gallinas la ingestión del altramuz amargo cuando los granos se administran humedecidos, ya que perciben mejor su sabor al deglutirlos sin moler. La sensación gustativa de lo ácido es también muy desagradable para las gallinas; las concentraciones a partir de las cuales resultan intolerables las soluciones ácidas son conocidas para las aves, Enjalman no indica los datos en la siguiente tabla.
Margen de tolerancia para el sabor y niveles de intolerancia en soluciones ácidas: por Enjalman
El margen de tolerancia para el sabor abarca desde la concentración que corresponde a una solución débilmente rechazable, en comparación con el agua, por parte de los animales, hasta la claramente intolerable. En este aspecto, es el palomo el más sensible para lo salado y lo ácido; le sigue el ganso, después el pato y, por último, la gallina. Los polluelos son más sensibles que las gallinas adultas.
A esta sensibilidad decreciente para lo salado y lo ácido corresponde el promedio de células sensoriales de la yema gustativa de estas tres especies.
Células sensoriales de las yemas gustativas de estas tres especies
Para comprender debidamente el problema que nos planteamos a esta pregunta. Es necesario conocer los distintos aspectos que influyen en ello.
Primero, necesitamos estar familiarizados con los procesos que tienen lugar en el organismo de nuestras aves. Debemos conocer bien qué es la digestión y el metabolismo, procesos mediante los cuales los alimentos se hacen asimilables por el organismo de nuestras gallinas.
Más información:
Segundo: Es indispensable tener un profundo conocimiento de los alimentos, no solo de su composición química, sino también de su digestibilidad y sus características físicas, como la textura. Necesitamos conocer bien el valor de cada alimento en comparación con los demás.
Tercero: necesitamos conocer las necesidades alimenticias de nuestras aves. Cada clase de aves de corral, como las gallinas, los patos, los gansos y los pavos, tiene necesidades específicas.
Cuarto: Limitándose a la alimentación de las gallinas, que es lo que nos compete, el problema depende del fin con que se exploten estas y de las condiciones en que se mantengan. Las necesidades de las gallinas ponedoras son distintas a las de pollos en crecimiento o de las aves de engorde.
Debemos conocer las reacciones o síntomas que se presentan cuando no se satisfacen esas necesidades o cuando existe una deficiencia, aunque sea parcial.
Después de obtener esta información sobre los principios de la nutrición de nuestras gallinas, es cuando nosotros, criadores, aprendices, amateurs, lo que intentamos hacer es convertir la ciencia de la alimentación en el arte de la alimentación de nuestras gallinas.
No son necesarios alimentos especiales para nuestras gallinas durante el verano, pues ellas solas son capaces de seleccionar y obtener en cantidades suficientes todo lo que necesiten para satisfacer sus necesidades.
Pero claro está, hay periodos en que hay que ayudarlas, pues la producción de sustancias que han de acumularse en su organismo exige ciertos elementos cuya obtención puede quedar fuera de su alcance durante las épocas en que están realmente prisioneras en el gallinero o galpón y, por consiguiente, privadas de su libertad.
Las gallinas que viven con una ración ejemplo (maíz, trigo, sorgo…) durante el verano no se nutren solo de este grano, sino de la variedad de alimentos que ingieren, y como son más prolíficas durante la estación calurosa, se mantienen en mejores condiciones para poner huevos, que es lo que queremos, mediante la rápida conversión de los alimentos en huevo y grasa.
Pero hay que tener en cuenta que una sobrealimentación prolongada puede producir la degeneración grasa de su hígado.
Entre los alimentos que se les permite consumir en algunas ocasiones, todo depende del avicultor, y que no pueden ser considerados como alimentos comunes, figuran las semillas de girasol, la harina de linaza o (torta oleaginosa), la semilla de colza y la de mijo.
Aunque todas estas semillas son ricas en nitrógeno, contienen grandes proporciones de grasa, lo cual predispone el engorde del ave y, además, los aceites que contienen dichas semillas inducen a la caída de la pluma y determinan una muda prematura.
Uno de los alimentos más importantes es el heno de trébol, alfalfa (en flor, mejor), finamente picado. Es muy rico en minerales y nitrógeno y contiene gran proporción de hidratos de carbono; dependiendo de su volumen, reduce o diluye los alimentos concentrados de los granos. Con esto quiero decir que siempre tienen que tener verde; más adelante hablaremos de ello.
Otra cosa muy importante y que no se le da mucha importancia que merece, es que nuestras gallinas siempre tienen que tener a su alcance una cantidad abundante de arenilla, grit, conchas de ostras trituradas.
Ya que sin estos productos no podrían aprovechar completamente ningún alimento si no hay una masticación completa, así como la carencia de calcio para formar la cáscara del huevo; ver el apartado minerales para nuestras gallinas.
Se han dado a conocer numerosas opiniones y teorías al respecto; recordar que nuestras gallinas son muy selectivas por orden de avidez, primero lo que más les guste y así en ese orden. En realidad, se acerca mucho a ese principio cuando se le dan grano y mezcla a discreción.
Las mezclas, si han sido debidamente preparadas, son ricas en proteínas, vitaminas y minerales, mientras que los granos contienen más elementos energéticos. Por lo tanto, la gallina ingiere la cantidad que desea de grano y mezcla y equilibra su ración de modo bastante satisfactorio.
Hay también una evolución hacia otras prácticas más modernas, es decir, las mezclas únicas, con lo que se pretende aglutinar el suministro del grano, minerales, vitaminas, correctores, etc. Estamos hablando del pienso, un subproducto que compramos habitualmente en la cooperativa o en tiendas de suministros agrícolas, en sacos de 20, 25, 40 kilos, en formato, bien sea molido o en pellet.
Tenemos una gran riqueza de datos sobre las necesidades de nuestras gallinas ponedoras. Sabemos que el desarrollo de los pollos es muy rápido en su primera edad y que la ración debe proporcionar gran cantidad de proteínas para satisfacer las necesidades de este crecimiento activo.
Los conocimientos sobre las vitaminas se han acumulado en un periodo tan corto y reciente que es difícil apreciar la importancia de su influencia en la alimentación de nuestras aves. Sin embargo, cada vez que descubrimos nuevos hechos sobre cualquier problema de la alimentación, nos preparamos mejor para intentar resolverlos con mayor inteligencia.
Hoy en día contamos con un conocimiento bastante satisfactorio sobre la alimentación de nuestras aves, que nos permite proceder de una forma eficaz. Esto es especialmente cierto si consideramos los conocimientos básicos heredados de nuestros ancestros avicultores, referentes a los principios fundamentales de la nutrición, es decir, en la experiencia práctica, método de ensayo y observación de los errores. Pero solamente se podrá aplicar con éxito en métodos donde prevalezcan las mismas condiciones.
Por ejemplo, si tenemos el mismo tipo de gallinas, del mismo peso, que produzcan el mismo número de huevos y se alimenten con los mismos alimentos de idéntica composición, calidad y preparación, dentro del mismo medio, podremos esperar los mismos resultados.
Pero claro está, cuando existe alguna variación en cualquiera de los innumerables factores que afectan a nuestras aves, obtendremos seguramente resultados distintos, a no ser que contemos con conocimientos valiosos para adaptarnos a las nuevas condiciones.
Es normal que nos preguntemos cuáles son los factores o principios para dar a nuestras gallinas la mejor alimentación posible.
Los alimentos que podemos utilizar en la alimentación de nuestras gallinas no tienen una composición uniforme, ni un valor nutritivo definido, sino que este depende de su composición y del porcentaje que contenga los principios inmediatos que entran en la constitución de la misma; por esto, a la relación de su riqueza en principios inmediatos, los alimentos los podemos agrupar o clasificar de la siguiente forma:
Acuosos: son los (forrajes, hierbas, raíces, tubérculos), cuando el agua entra en su composición en proporción superior al 20 %.
Concentrados: son los (granos, harinas, tortas, etc.), cuando el porcentaje de agua es inferior al 20 %.
Fibrosos; cuando la riqueza en elementos fibrosos (celulosa) es superior al 15 % (pajas, granzas, granillos).
Proteicos; o ricos en proteínas (harinas de carne, pescado, crisálidas, sangre), cuando su riqueza en elementos nitrogenados (proteínas) es mayor del 30 %.
Energéticos; como (tortas de semillas oleaginosas), cuando su contenido en materias grasas es superior al 25 %.
Correctores: aquellos que destacan por su alto contenido en sales minerales, vitaminas, proteínas o materias colorantes (harinas de huesos, conchilla de ostras, aceite de hígado de bacalao, pimentón, etc.).
Con esta clasificación de los alimentos, nos permite hacer una mejor aplicación y administrársela a nuestras gallinas en las distintas épocas de su desarrollo y en la relación de sus exigencias nutritivas, que son naturalmente muy distintas en las ponedoras que para las aves en crecimiento, de las de engorde o cebo.
¿Cómo determinar las necesidades de los alimentos para nuestras gallinas?
El motivo principal que se persigue al determinar las necesidades de alimentos es llegar a establecer normas o una norma que nos permitan alimentar a nuestras gallinas con fines específicos, es decir, mediante experimentos reales de alimentación; existen varios métodos que nos ayudarán.
Observación y experiencia:
Se puede considerar este sistema como un método de tanteo. Suele resultar costoso porque puede dar ocasión a muchos errores y fracasos, y muchas veces interpretaciones erróneas.
La observación nos permite apreciar si se está consiguiendo de forma satisfactoria el sostenimiento del organismo de nuestras aves, tanto de la producción o reproducción.
En este método se suelen ocasionar desperdicios de alimentos por suministrar raciones que contienen los principios nutritivos en proporciones inadecuadas. No nos permite deducir normas fundamentales, pero a la larga nos puede resultar relativamente satisfactorio.
Ensayos comparativos de alimentación:
La mayor parte de los experimentos en la alimentación de nuestros ancestros eran de esta naturaleza.
Por ejemplo, para comparar el valor nutritivo del maíz, el trigo y la avena, se daban estos granos a las gallinas a discreción, es decir, sin ningún límite, y se observaban los resultados obtenidos en cuanto al aumento o pérdida de peso o de producción.
También se comparaba el valor de las proteínas suministrado en diferentes formas, como con harina de carne, harina de pescado y leche en polvo o desecada.
Estos experimentos no eran muy exactos, porque intervienen en ellos muchas variables; además, los principios nutritivos tienen que suministrarse por debajo de la cantidad mínima necesaria para poder tener una estimación de los valores comparativos.
Experimentos precisos de alimentación:
En estos experimentos se hacen ensayos controlados de alimentación.
Para poder obtener estimaciones exactas, se emplean raciones formadas por principios nutritivos puros o raciones de valor bien conocido.
En estos experimentos cualitativos se establece una ración base y se le adicionan cantidades adecuadas de principios nutritivos conocidos, solos o en diversas combinaciones. De este modo se pueden determinar las deficiencias nutritivas de un alimento o de una ración.
En el ensayo de la ración, se suministra en cantidades inferiores o superiores a las necesidades probables para poder determinar la cantidad exacta que es esencial para el mejor régimen alimenticio de nuestras gallinas.
Aunque ahora mismo tenemos en el mercado piensos muy bien proporcionados, con todos los nutrientes, vitaminas, etc.
Métodos para realizar e interpretar los experimentos:
Se deben satisfacer o perseguir algunos requisitos esenciales.
En un experimento o prueba, deben eliminarse todas las causas de variación, exceptuando la sometida al estudio.
Los animales empleados deben ser de la misma raza, línea, origen. Los progenitores deben alimentarse y cuidarse uniformemente. Las aves empleadas en el experimento deben distribuirse de modo uniforme en los lotes en cuanto a su tamaño, edad, madurez sexual, herencia, producción anterior de huevos, condición y salud. También los pollitos, si proceden de distintas incubadoras, se deben distribuir uniformemente.
La ración base debe estar formada por el menor número de ingredientes de valor nutritivo. Si es posible, debe prepararse una cantidad suficiente de la ración base para todo el experimento, siempre que los productos utilizados no sufran alteración. La ración base, complementada con los productos variables, nos debe producir crecimiento, producción y reproducción de tipo normal.
A fin de lograr el consumo proporcional de todos los ingredientes, debemos suministrarlos en forma de mezcla única, finamente molida, o en pellets, salvo que el estudio que queramos realizar sea de la naturaleza mecánica de los alimentos (granos).
Nos interesa proporcionar la cantidad de alimento para que sea consumido antes del próximo suministro. La hora en que demos la ración tiene que ser tan regular como sea posible.
Es esencial realizar que las condiciones de todos los experimentos sean iguales, en referencia al medio, como la duración del día, el alojamiento, la temperatura y factores similares. Debemos prolongar el experimento durante todo el tiempo que haga falta para obtener diferencias significativas, y claro está, cada uno pone las variables que le interesen para su corral o galpón.
Antes de que podamos modificar los antiguos métodos, es necesario contar con una información fidedigna, sobre todo si la información es radical con las prácticas comúnmente aceptadas.
Al final, la acumulación de los conocimientos adquiridos de nuestros ancestros, que es la base, nos permitirá, con los nuevos productos, aclararlos e interpretarlos debidamente.
Es esta la información que necesitamos para alcanzar una clara comprensión de los diversos problemas de la alimentación y mejores productos que podemos dar a nuestras gallinas.
En este apartado, que será extenso, trataremos todos los temas referentes a la alimentación de nuestras gallinas, tanto vegetales y hortalizas, gramíneas, minerales, vitaminas, tablas de mezcla, piensos, etc.
Los iré desglosando por apartados, con información fácil de entender, fotos y comentarios del populacho entendido en estos menesteres, que muchas veces son más acertados, a favor o en contra, por el relato de sus propias experiencias.
Ahora seguiremos viendo otros apartados que tienen mucha importancia para que tengamos una base objetiva, que siempre nos hace falta para una mejor comprensión.
Versión PDF de la foto
La elección de los alimentos es de esencial importancia para nuestras gallinas. Al ir a comprar un pienso, granos o cereales, no nos debe seducir su precio en el mercado, sino conocer antes su composición, y a razón de ella establecer el valor del pienso en unidades alimenticias (U. A.) o en proteína.
Sobre este particular, procuraremos buscar aquellos piensos que mayor cantidad de U. A. dan por unidad de peso, con lo que además economizaremos desde el punto de vista del transporte. La facilidad de adquisición de los piensos en las cercanías de nuestro corral nos servirá para economizar en gastos, mermas, alteraciones, etc.
Que siempre acompañan en la compra del mismo y, además, nos permitirá renovar nuestras existencias e imponer a nuestras gallinas una alimentación regular, evitando con ello los cambios bruscos de alimentos, que tantas alteraciones producen en el organismo de las gallinas.
En cuanto al valor nutritivo, las gallinas, como todas las aves, son animales de un activo metabolismo, dotadas de un reducido aparato digestivo que impide la utilización de los piensos fibrosos y de las raciones voluminosas.
Por lo que requieren, para su perfecto desarrollo de sus funciones, que se les administren piensos concentrados, es decir, raciones poco voluminosas, ricas en principios extractivos y dotadas de un alto coeficiente de digestibilidad.
Visto estos apartados, que nos dan un punto de vista que a lo mejor no teníamos, y si habéis llegado hasta aquí, bien sea por su fácil lectura o el interés que os suscita, yo encantado de ello.
Pasemos ahora a ver los distintos productos que la naturaleza o la industria nos ofrecen para la alimentación de nuestras gallinas; los agrupamos para su mejor comprensión y más didáctico estudio, en relación con su origen, composición, indicación alimenticia: los cereales, las semillas, verduras, forraje, etc.
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