Falo protuberante de un pato adulto

Explorando el Pene del Pato:

Los patos y otros anseriformes presentan un tipo de órgano reproductor masculino intromitente que, cuando está en estado de erección, mide alrededor de 6 a 8 centímetros de longitud.

En la mayoría de las especies aviares, el acto de copulación se limita a un simple y relativamente puritano “beso cloacal”, aunque en la diversidad aviar existen algunos linajes antiguos que aún mantienen el falo acanalado que se encuentra en sus ancestros reptiles.

Entre las aves actuales, las aves acuáticas son uno de los grupos que todavía conservan un falo ranurado.

Las aves acuáticas también se distinguen por tener una notable diversidad entre diferentes especies en lo que respecta a la longitud y la ornamentación del falo. El pene de un pato experimenta una reducción significativa al finalizar la temporada reproductiva y posteriormente vuelve a crecer en la siguiente.

En el caso de los patos rojizos, el crecimiento nuevo varía en tamaño en función de si los machos deben competir con otros, según Patricia Brennan de la Universidad de Yale en Estados Unidos.

Esta variabilidad en el tamaño y la forma del falo en las aves acuáticas es un resultado de la competencia espermática. Los científicos sugieren que el esperma de los machos con un falo desarrollado ya no tenía una ventaja competitiva sobre el esperma de aquellos con un falo menos desarrollado.

Este artículo, publicado en la revista PLOS ONE en línea, indica que hay mucho más en esta historia.

“Como parte de un proyecto de investigación sobre la evolución del falo en las aves, me intrigaba saber si existían repercusiones para los machos ante la notable variación anatómica del falo masculino”, menciona la autora principal Patricia Brennan, quien es investigadora postdoctoral en ecología y biología evolutiva en la Universidad de Yale y en ciencias animales y de plantas en la Universidad de Sheffield en el Reino Unido.

Su investigación constituye una exploración complementaria de la anatomía del tracto reproductor femenino, conocido como oviducto o vagina, que por lo general es bastante simple y similar entre las aves. Brennan descubrió dos estructuras complejas que resultaron ser inesperadas y completamente novedosas, las cuales parecen estar diseñadas con un propósito específico: excluir de manera selectiva el falo masculino.

En la mayoría de las aves, el oviducto se presenta como un tubo sencillo, mientras que en algunas aves acuáticas, este tubo exhibe bolsas únicas y estructuras en espiral. Estos sacos son divertículos ubicados a los lados del tubo, situados justo dentro de la abertura del oviducto.

Pato copulando. Ellos parecen funcionar como callejones sin salida, o pasajes falsos, dice Brennan.

Si el falo penetrara en alguna de estas cavidades, no podrían avanzar más en el oviducto, donde los espermatozoides se almacenan de manera más eficiente.

Una segunda característica estructural presente en la hembra es una serie de estrechos giros en espiral dentro del oviducto tubular. “Es fascinante”, comenta Richard Prum, ornitólogo de Yale y coautor, “que el pene masculino también tenga una forma en espiral, pero se retuerce hacia la dirección contraria, a la izquierda. Por lo tanto, las curvas en el oviducto parecen estar diseñadas para descartar las torsiones opuestas del pene masculino. Es un delicado mecanismo de anticerradura y llave dentro del sistema”.

La cantidad de sacos y giros en el tracto reproductivo de las aves acuáticas hembras muestra una correlación significativa con la longitud del pene masculino. Al examinar las dimensiones y formas del pene y del oviducto en 14 especies distintas de patos y gansos, los investigadores demuestran que los órganos reproductivos masculinos y femeninos han evolucionado de manera interrelacionada.

La disputa entre los géneros puede resultar en consecuencias inesperadas, al menos en lo que respecta a los patos. La reproducción de estas aves es objeto de un estudio curioso que busca comprender la inusual morfología de sus órganos sexuales, notablemente diferente a la de otras aves.

La contienda por el control del proceso reproductivo es el trasfondo de este conflicto entre los sexos, según Patricia L. R. Brennan, principal autora de la investigación publicada en “Proceedings of the Royal Society B”.

En los patos, las hembras tienen la capacidad de evitar la penetración total del pene masculino; sin embargo, este puede alcanzar una erección en menos de medio segundo, lo cual le permite copular incluso cuando las hembras intentan resistirse durante un acto sexual no consensuado, explica la investigadora.

A diferencia de la mayoría de las aves que carecen de pene, los patos poseen uno que es considerablemente grande, pudiendo alcanzar hasta 20 centímetros de largo y siendo flexible, con una forma similar a la de un sacacorchos.

Pene del pato Foto publicada en la revista WIRED SCIENCE

Entre los patos de color rojizo, la nueva vegetación presenta variaciones en su longitud, dependiendo de la competencia entre machos, sostiene Patricia Brennan de la Universidad de Yale, en Estados Unidos.

El conflicto entre sexos puede tener efectos inesperados, al menos en el caso de estas aves. La reproducción de los patos es el enfoque de una investigación intrigante que pretende aclarar la inusual conformación de sus órganos reproductores, significativamente distintos a los de otras especies aviares.

En las especies donde la copulación forzada es común, los machos han desarrollado penes de mayor longitud, mientras que las hembras han adaptado sus vaginas en una forma helicoidal opuesta a la del pene, lo que dificulta la penetración, señala Brennan.

Este estudio se originó a raíz de otra investigación de Yale realizada en 2007, que describió por primera vez la peculiar anatomía genital de los patos. Solo un tres por ciento de las aves posee un falo, como es el caso del avestruz y los patos. Durante el acto copulatorio, estos animales extienden su pene, el cual permanece oculto dentro de su cuerpo.

Ciertas especies, como los patos, son famosas por sus “erecciones explosivas”, logradas al llenar su pene de linfa para aumentar rápidamente la presión por un corto período. Su considerable tamaño les proporciona una ventaja durante la copulación forzada. Los investigadores llevaron a cabo varias grabaciones a alta velocidad y observaron que el proceso de copulación en los patos solo toma medio segundo.

Tras realizar numerosos experimentos con tubos de vidrio que imitaban la forma de la vagina de las hembras de pato, se concluyó que esta anatomía dificulta la copulación forzada, lo que, de acuerdo a los investigadores, ofrece nueva información sobre el conflicto de sexos desde una perspectiva reproductiva: “La evolución de la anatomía de los patos para regular su procreación es otro ilustrativo ejemplo del conflicto sexual en el reino animal”, concluye Brennan.

El estudio indica que en varios linajes de patos, de manera independiente, las hembras han desarrollado oviductos más complejos, de la misma forma que los machos han evolucionado en el tamaño de su falo. En otros linajes, las hembras han experimentado una reducción en la complejidad de su oviducto, así como el falo ha evolucionado hacia dimensiones más pequeñas.

Según la hipótesis presentada por Brennan, esta evolución dinámica sugiere que las hembras de aves acuáticas han desarrollado estas características anatómicas particulares como medidas defensivas, con el fin de evitar los intentos masculinos de dominar la reproducción.

De acuerdo a Prum, “A pesar de que la mayoría de las aves acuáticas forman uniones monógamas, las cópulas forzadas por otros machos, que constituyen el equivalente aviar de la violación, son comunes en muchas de estas especies; la longitud del falo en cada especie está fuertemente relacionada con la frecuencia de estas copulaciones forzadas.”
Brennan observa: “En respuesta a los esfuerzos por forzar a los machos a asumir la paternidad, las aves acuáticas hembras pueden ser capaces de ejercer sus propios métodos de comportamiento y adaptaciones anatómicas para procrear sus descendientes.”

Los autores proponen que los órganos sexuales complejos y los oviductos de las hembras han evolucionado en respuesta a la dinámica de los machos, quienes han desarrollado estructuras más complejas para superar las barreras de exclusión, y viceversa. Estas estructuras físicas, según especulan los autores, pueden ser fácilmente superadas cuando las hembras colaboran durante el proceso de copulación, aunque en ausencia de cooperación solamente sirven para prevenir acercamientos indeseados.

Brennan está ampliando estos hallazgos mediante una investigación más profunda sobre el desarrollo y la evolución de los órganos genitales en las aves. “Estoy convencida de que hay más sorpresas por descubrir”, afirma. Su investigación futura se centrará en examinar diferentes linajes de patos y otras aves que presentan variaciones en la biología reproductiva y la complejidad de sus genitales.

Aquí se presenta el enlace al estudio.

Otro estudio y no menos interesante es el del Avestruz:

Copula del avestruz

De acuerdo con Patricia L. R. Brennany y su equipo, se ha determinado que el avestruz no utiliza su sistema vascular sanguíneo para incrementar el tamaño de su órgano reproductor, sino que lo hace mediante la infiltración de fluido linfático. Las erecciones en los avestruces no son el resultado de un aumento en el suministro de sangre.

Previamente, se creía que el mecanismo de erección en estas aves era análogo al que se observa en los mamíferos.

No obstante, investigadores de la Universidad de Yale han demostrado que el avestruz, Struthio camelus, no recurre al sistema vascular sanguíneo para elongar su pene, sino que lo convierte en un reservorio de fluido linfático, al igual que otras aves.

Este hallazgo esclarece un enigma que ha cautivado la atención de los científicos durante un extenso periodo.

El avestruz, Struthio camelus, que es común en el continente africano, representa una de las especies dentro de la familia de los ratites, que incluye también a los kiwis de Nueva Zelanda y los ñandúes de América (conocidos también como avestruces americanos, Rhea americana, o el ñandú de Darwin, Rhea pennata), así como a los emúes y los casuarios, presentes en Australia y en la isla de Nueva Guinea.

Mecanismo linfático:

Pene avestruz

Pene avestruz desplegado

La mayoría de las aves se reproducen a través de un proceso conocido como beso cloacal o aposición cloacal. En este procedimiento, el macho se posiciona sobre la hembra y transfiere el esperma mediante la cloaca, el mismo conducto utilizado para la excreción.

Sin embargo, hay algunas especies que presentan características diferentes, incluyendo:

  • Avestruces.
  • Emúes.
  • Patos.
  • Gansos.
  • Cisnes.
  • Flamencos.

Estas aves también poseen penes. Este tipo de órgano reproductivo es poco común entre las aves, ya que se alarga al llenarse de linfa, un líquido transparente que circula en los vasos linfáticos.

Hasta ahora, se consideraba que la familia de las ratites representaba una excepción a esta norma.

Desde el siglo XIX, se pensaba que los avestruces experimentaban una erección por un mecanismo que involucra el flujo sanguíneo; no obstante, no existían datos específicos sobre emúes y ñandúes, según afirma Patricia Brennan, bióloga de Colombia que actualmente trabaja en la Universidad de Massachusetts y es coautora del estudio.

Dado que todas las demás aves logran tener erecciones mediante procesos linfáticos, siempre consideré inusual que los avestruces presentaran un caso distinto.

Para esclarecer esta cuestión, Brennan y su equipo realizaron un análisis exhaustivo de los penes de un avestruz y de tres emúes, descubriendo diferencias significativas.

El pene del avestruz difiere considerablemente del de los emúes y los ñandúes, ya que está compuesto por una densa matriz de colágeno. No obstante, todas las características de un sistema linfático son evidentes.

Los avestruces presentan vasos sanguíneos en la parte superficial del pene, lo que le otorga un tono rosado; sin embargo, en su interior, el pene no se llena de sangre, sino de linfa.

Baja presión:

El estudio confirma, según sus autores, que “la erección linfática existía en los ancestros de las aves”, aunque siguen existiendo numerosas preguntas sobre la evolución de este mecanismo.

En el pasado, se trazaron comparaciones entre aves y reptiles, pero el pene de estos últimos también se alarga mediante el flujo sanguíneo, al igual que en el caso de los mamíferos. La razón detrás de la transición de un sistema vascular sanguíneo a uno linfático en las aves continúa siendo un enigma, indicó Brennan.

El sistema linfático opera a baja presión, lo que impide que la erección se mantenga durante períodos prolongados, y esto tiene importantes consecuencias en el comportamiento de copulación de las aves.

Se ha observado que las erecciones linfáticas se producen más rápidamente que aquellas que requieren sangre. Esto podría resultar ventajoso al reducir el tiempo necesario para llevar a cabo la copulación.

La investigación de la Dra. Brennan y sus colegas fue publicada en la prestigiosa revista Journal of Zoology.
Ella señala que en los últimos años ha desarrollado un profundo interés en investigar la evolución del pene en las aves, dado que son el único grupo de vertebrados que presenta fertilización interna, donde la mayoría de las especies han perdido esta estructura.

Con el objetivo de comprender las razones detrás de esta pérdida, estoy intentando analizar el funcionamiento del pene en aquellas pocas especies que aún lo conservan y las distintas morfologías que pueden exhibir.

A medida que profundizo en el estudio de estos órganos, comenta la doctora, me doy cuenta de que poseemos un conocimiento limitado sobre su anatomía, función y evolución, lo que me lleva a esforzarme por completar las lagunas existentes en nuestra comprensión.

Me resulta asombroso que en el caso del avestruz no se haya esclarecido el misterio relacionado con su sistema de erección, dado que esta es una cuestión fundamental para comprender su funcionamiento.

Para mí, la investigación de los órganos genitales es crucial para descifrar las interacciones entre los sexos, que es un aspecto que me interesa, observa la doctora Brennan.

Creo que, con toda esta información, queda claro para todos que nuestros apreciados gallos no poseen un pene o falos, sino una estructura denominada papila copulativa, y así es como funciona la naturaleza; el enlace que se encuentra a continuación también responderá a sus interrogantes.

Espero que comprendan y encuentren valioso este apartado, el cual ha requerido un considerable esfuerzo y tiempo.

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